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Museo Rayo, Roldanillo, 2011
Miguel González, Curador

Las pinturas de Cristina Llano, nacida en Cali en 1955, proponen una introspección por el universo femenino. Fantasías, desencuentros, confrontaciones e inmolaciones, son descritos en encuadres narrativos que aluden necesariamente a la fotografía y el cine. Su repertorio se concentra en describir lo arbitrario como un motivo poderoso. La referencia al expresionismo histórico es evidente, sobre todo al grupo alemán El Puente, quienes desde la ciudad de Dresden al inicio del siglo XX, produjeron contundentes y demoledoras imágenes que acotaron dramáticamente sobre la condición humana.

Todo expresionismo en general conlleva el gesto romántico que tiene en lo simbólico un elemento persuasivo de argumentación. En esa dirección la propuesta de Cristina Llano se concentra en generar alegorías que si bien se valen de las apariencias escabrosas, en realidad están dirigidas a la conciencia, con el ánimo de generar un espíritu crítico en torno al discurso que alude.

Aunque Cristina Llano estudió en Estados Unidos, Italia y Colombia, la actitud fuerte ante su trabajo de grandes trazos e intenso colorido la estimuló la tendencia internacional conocida como la Transvanguardia que reinventó la figuración para darle nuevos presupuestos y exaltar los argumentos explícitos.Sus pinturas en los últimos años de la década de los ochenta del siglo XX estuvieron presentes tanto en el Salón Nacional como en las Bienales de Bogotá y Cuenca. Pudieron circular por siete ciudades colombianas y llegar hasta Buenos Aires. Es el período de afirmación de su personalidad artística que la ha venido acompañando hasta hoy. En 1995 se celebró en el Museo Rayo el VII Salón Regional de Artes Visuales del Suroccidente Colombiano, y en él participó una obra de su autoría. Esa fue la única ocasión que su trabajo se pudo apreciar en estos recintos. La exhibición actual ofrece por primera vez una visión completa de su obra y obsesiones formales y conceptuales.

Sus obras se han exhibido desde 1987 en muestras colectivas y desde 1990 ha venido celebrando exposiciones individuales, conservando siempre los diseños contundentes para los cuerpos expuestos y el cromatismo altisonante. Los cuadros aquí reunidos ejemplifican su producción en un período determinante para su peculiar discurso que abarca una década comprendida entre 1988 y 1998. En su conjunto estos trabajos están destinados esencialmente a conmover y hablan de sacrificio.

RX - Dibujos 2000-2007
Presentación
Gloria Zea Directora
Museo de Arte Moderno de Bogotá

En esta ocasión el Museo de Arte Moderno de Bogotá tiene el gusto de presentar la exposición RX dibujos 2000-2007 de la artista Cristina Llano, una muestra representativa del trabajo realizado durante 7 años y que ha dado lugar a una obra madura que nos confronta con una realidad abrumadora y nos permite hacer una reflexión sobre la violencia en nuestro país y el desgarramiento y duelo tras la pérdida de un ser querido.

La exposición reúne más de 100 dibujos que representan diferentes posiciones ante la tragedia, numerosas versiones de una misma escena, que nos remiten a las imágenes y emociones que congelamos. En este caso quedan registradas en el papel por medio de dibujos realizados en tinta china de trazos simples e inmediatos pero con una fuerza expresionista, que aluden a la idea de lo inacabado, del esbozo, del impulso espontáneo y a veces inocente pero que constituye un documento fundamental de la memoria.

Estos instantes detenidos sobre el papel conceden un espacio privilegiado para que el público pueda acercarse a esta exposición que será sin duda una experiencia que nos confronta con el dolor, el amor y con lo dramático de un país.

In Memoriam
Cristina Llano

Este trabajo busca resaltar el valor de la emoción como fuente más pura e íntima de la expresión. Busca la belleza en la inmediatez en el impulso, en lo inacabado, en lo imperfecto. Desnudo de cualquier racionalización o subterfugio sigue confiando en las verdades del corazón, en el palpito o temblor del instante. Se deja arrastrar por la intuición sin dar vuelta atrás para rectificar o adornar. Al igual que nos es dado hacer nuestra vida en borrador.
Las numerosas variaciones sobre la misma escena quieren confirmar el poder de significación con que investimos una determinada imagen estática para ser representada, congelada en la memoria y en el papel para hacer perdurar, para fijarla por siempre contra la movediza ley del tiempo.
El carácter efímero de todo lo que amamos nos causa sufrimiento. Es por eso que entre la omnipotencia del deseo y nuestra implacable condición de mortales ruedan "Las lágrimas de Eros"
Estos dibujos están hechos para perpetuar un amor que truncó abruptamente el asesinato de un ser amado. Están dedicados a mi madre, a las mujeres de mi familia y a todas las mujeres que, como yo, viven el duelo inagotable de la pérdida.

RX
Punto de Mira
María Elvira Ardila, Curadora
Museo de Arte Moderno de Bogotá

Con la exposición de RX de Cristina Llano, no podemos eludir la pregunta: ¿Cómo se asimila el dolor y un duelo en un país en el que asesinan todos los días, donde estamos silentes ante un conflicto armado y que ha expuesto a la población civil atrapada entre dos fuegos, y que algunas veces la ha dejado expuesta? Entre la larga lista de atrocidades figuran muertes, secuestros y desplazamientos forzados. Nos encontramos en un punto de mira; día a día hay noticias de desaparecidos, de hallazgos de fosas comunes, o en las que la vida tiene el valor de un celular.

RX nos presenta una serie de dibujos que se pronuncian como una radiografía sutil, llena de metáforas y escrita bajo un intensa pena, permitiendo atravesar lo invisible, capaz de cruzar las fronteras entre la vida y la muerte, del anonimato; son dibujos que elaboran un duelo, por medio de la significación que le da la artista al acto de morir; estos dibujos permiten que el espectador entre en contacto con el vacío, con la soledad y son la respuesta ante la impotencia que genera la pérdida abrupta de un ser querido, por causas violentas, señala también la importancia de la memoria, aceptando el sufrimiento y la frustración.

Esta serie de dibujos es un llanto que se expone para el no olvido, para no quedar silentes ante una guerra, tal vez por eso la artista insiste en realizar cientos dibujos a partir de la misma escena, para que nos confrontemos cara a cara con la realidad de un país con uno de índices más altos de violencia.

RX nos coloca cara a cara y nos enfrenta a un duelo, en el que la muerte no ha tocado la puerta; estos dibujos que nos evocan los grafismos orientales son un encuentro con una realidad cruda y siniestra. Cristina Llano se acerca al dolor, lo materializa a través de estas caligrafías rápidas, gestuales y dramáticas, propias del expresionismo, dibujos en tinta china realizados sobre papel, en pequeño formato; allí confluye un ser humano que se pliega, y a veces se fragmenta, se desangra, se abraza con otro y se extingue. Algunos nos remiten a la Piedad, a la madre que sostiene a su hijo agonizante; junto a estos seres aparecen manchas en el papel que podrían simular las lagrimas que se derraman y enlutan la imagen y la vida. Son escrituras en las que la misma escena se repite, variaciones sobre el mismo acto que trascriben una de los sucesos más dolorosos para un ser humano como lo es enfrentar un crimen. La artista desea congelar la imagen, sin argumentaciones que vayan más allá del sufrimiento, la fragilidad, la perdida. Estos dibujos tiene una razón de ser, son para que un ser querido perdure en la memoria.

Con RX la artista le dice adiós a un ser querido, al tiempo que nos plantea preguntas a las que no tenemos respuestas.

RX dibujos 2000-2007
Miguel González Curador
Museo Arte Moderno La Tertulia

Cristina Llano exhibió por primera vez su obra con ocasión del XXXI Salón Nacional de Artistas Colombianos que tuvo como sede la ciudad de Medel-lín en 1987. Desde ese momento hasta hoy su propuesta ha conservado un lenguaje expresionista centrado en la figura humana y localizado en las relaciones conflictivas de parejas.

Sus pinturas se realizaron en grandes formatos y con contrastados y llamativos colores fuertes, acusando diseños esquemáticos y resolviéndose con anécdotas donde la violencia y la muerte eran móviles centrales.

Paralelo a su ejercicio de pintura sobre lienzo, Cristina Llano ha elaborado esculturas, dibujos y también pinturas sobre láminas de aluminio, siempre dentro de una voluntad de mostrar elementos alegóricos en torno a lo dramático. Sus escenas teatrales han acudido al erotismo, la ansiedad, el desasosiego y la agonía para mostrar las oscuras pasiones de sus protagonistas.

Desde 1990 comenzó a realizar exhibiciones individuales y en ellas pudo presentar series que hacían variaciones sobre un tema, siempre apuntando a describir cuerpos desnudos en conflicto. El diseño formal de sus composiciones estuvo regularmente sustentado por una exploración cromática que articuló a una paleta encendida con vigorosas tonalidades que subrayaban las apabullantes acciones descritas.

La serie de obras sobre papel en pequeño formato que hoy podemos presenciar tiene distintas motivaciones. Son mujeres desnudas que sostienen cuerpos masculinos sin vida y que se plantean como distintas opciones de la imagen de La Piedad. Para acentuar su aspecto fúnebre los diferentes estados están resueltos en blanco y negro, aunque en algunas se perciben leves tonos de dorado, plata y un verde oxidado. En este ejercicio la artista ha procedido con un peculiar automatismo, solucionando a la manera del grafismo oriental los gestos de los protagonistas. Una especie de caligrafía con los cuerpos como signos conmovedores, destinados a crear una catarsis en el observador.

Aunque cada una de estas plumillas con aguadas es una obra individual, forma un conjunto que en sus distintas variaciones van generando un particular ritmo y arman necesariamente un rito similar al vía crucis, donde todas las estaciones hablan del dolor e invitan a la compasión.

Desde las entrañas de la violencia moral, Cristina Llano alimenta su ejercicio que aunque nos hable apa-rentementede un rito privado, está alimentado por el dolor, el desasosiego y la desesperanza generalizados en distintos sectores de nuestra sociedad en conflicto.

Del libro "Palabras de mujeres, Proyectos de vida y memoria colectiva",
Compilación de Marie Estripeaut-Bourjac, Siglo del Hombre Editores
Texto por Sabine Forero Mendoza

Es otro tema artístico de la iconografía cristiana el que reactualiza la pintora Cristina Llano, aquel de la Pietá. Los innumerables dibujos a la mina de plomo, con tinta china y a la acuarela, pinturas sobre tela y sobre hojas de aluminio que componen el conjunto considerable intitulado Del amor y la muerte, producido por la artista entre los años 2000 y 2007, constituye las variaciones de un solo y único tema continuamente retomado: una mujer desnuda sostiene un cuerpo masculino sin vida, ella lo abraza y lo abriga (ilustración 3). El trazo incisivo ataca las superficies, casi que rasgado en algunos sitios e interrumpido en otros. Manchas profundas alternan con grandes playas vacías, que crean una impresión de desequilibrio y de inacabado. La mujer así cambie su postura, la masa inerte, demasiado pesada y muy grande, no parece poder dejarse llevar. Inclusive, la acción misma aparentemente no tiene un término como si no se pudiera nunca dejar de llorar sus muertos. La indefinida reiteración del gesto gráfico se presenta como la sola respuesta al dolor inconsolable de la pérdida y equivalente a un exorcismo. Cristina Llano elabora un ritual de duelo. Tarea obstinada que trata de llegar hasta el fin de las determinaciones fúnebres, hasta lo más profundo del desespero. Verdadero trabajo de duelo donde las fuerzas presentes están inextricablemente al servicio ambiguo de las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte. Tánatos es aquí convocado doblemente por medio del Cristo muerto y bajo la figura de la repetición que, según Freud, constituye el motivo mayor de las fuerzas mortíferas. Pero es allí donde se nutren las fuerzas creadoras que, dando forma a lo irrepresentable y reordenando los fragmentos de sentido, permiten operar el pasaje del duelo a la memoria:

Si bien los estilos pictóricos y las intenciones de Beatriz González y Cristina Llano son profundamente diferentes, esas dos artistas convergen en varios puntos: una y otra se apoyan sobre una experiencia personal dramática que forma el primer material de lo que hay que llamar un trabajo de reelaboración artística (partida de un hijo al frente de batalla y el miedo que de esto resulta, asesinato de un hermano al que se asiste impotente y el dolor inextinguible que se le asocia). Detrás del rostro o la silueta de mujeres representadas, son ellas quienes figuran, y el hecho de que Beatriz González preste su propia cara a la Mater Dolorosa y a la Verónica, cobra aquí todo su sentido. Al tomar prestado a una larga tradición iconográfica y cultural formas figurativas singularmente codificadas, ellas alcanzan a objetivar esas experiencias y llevarlas a un grado de generalización que hace posible su reapropiación por el espectador.

Del amor y la muerte
Centro Cultural de Cali, 2002
Miguel González, Curador

Desde su primera exhibición individual en 1990 la propuesta iconográfica de Cristina Llano se ha centrado en el cuerpo humano como un elemento alegórico que emana dramatismo, intolerancia, acción, cinismo, pasión, agonía y muerte. Todas estas circunstancias dentro del conflicto del amor, el erotismo, la ansiedad y una carnalidad palpitante y osada.

Grandes lienzos con encendidos, contrastados y rutilantes colores abarcaron su visión de los conflictos entre parejas. La desesperación, los gritos, la gesticulación y las actitudes beligerantes de los cuerpos ocuparon el centro de estos argumentos sustentados para atraer y mortificarlas opiniones pasivas. Cristina Llano se decidió por un franco expresionismo brutal y pendenciero, donde el diseño de las imágenes acompasaba con la gama cromática exaltada. Así ha ido construyendo los elementos de su peculiar personalidad.

La serie de dibujos y pinturas que hoy podemos observar corresponde a su más reciente preocupación. Tenemos una media docena de trabajos sobre papel acuarela realizados sobre fondos de vivos colores y con escenas de conflictos entre parejas, trazos que la artista articula en su acostumbrado desasosiego. Estos son una introducción al conjunto dominante donde se habla de violencia y ausencia de vida de una manera más explícita. Los cuerpos están agónicos o ya sin respirar. La sangre y los hematomas son evidentes. Para corroborar su intención de caos, amargura e incertidumbre, la artista ha recurrido a la agresión misma. La superficie escogida para este grupo de trabajos son láminas de aluminio de distintos formatos que son trabajados íntegramente y después raspadas y lijadas para dejar ver los fondos brillantes y producir gestos rápidos y ampulosos. La lámina es intencionalmente atacada y su superficie es mortificada y alterada con sevicia. Estos trabajos desean condensar elementos simbólicos que incluyan argumentos en torno al duelo moral y físico que lo humano pueda transferir.

El actual proyecto se inició con el nuevo milenio en Palma de Mallorca y continúa hasta hoy. Ésta es la primera vez que se muestra en Colombia, escenario natural y referente de estas fúnebres orgías del desasosiego.

Del amor y la muerte
Cristina Llano, 2001

Éstas obras están hechas para perpetuar un amor que truncó bruscamente el asesinato de un ser amado.
Buscan resaltar el valor del sentimiento como la fuente más pura e íntima de la expresión. Buscan la belleza en la inmediatez, en el impulso, en lo inacabado. Confiando en las verdades del corazón se deja arrastrar por el pálpito o el temblor del instante tratando de fijar las imágenes desvastadas por el tiempo en la memoria: sobre la acidez de la lámina el frío del cuerpo inerte, las heridas punzantes, el brillo del flash del momento que persiste, la línea que define débilmente ya el contorno de los cuerpos, vestigios del color de la escena.

El pasado y el presente vivos e inseparables, confundidos en la dualidad implícita de un acto de amor o dolor, un abrazo, una caída, la cercanía… un levantamiento. “ Oh, mi amor, para siempre sufro tu silencio”

Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, 1998
Miguel González. Curador

Cristina Llano presentó su obra por primera vez en 1987, en ocasión del XXXI Salón Nacional de Artistas Colombianos en Medellín. Sumándose al neo-expresionismo que redefinía la pintura figurativa hacia elementos alegóricos, coloración drástica y argumentos provocadores. Desde ese año hasta hoy su trabajo no ha desfallecido y ahora se encuentra lleno de distintas estrategias para contarnos sus renovadas observaciones en torno al amor, la muerte, las relaciones, la soledad, la locura y el encierro.

Los cuartos como celdas son el escenario predilecto para sus lienzos de gran formato. En ellos las parejas están capturadas en acciones evidentes donde la feficidad y el equilibrio parecen ser quimeras lejanas. Por el contrario, las pasiones diversas se confabulan para generar un diseño carnal que acumula fuertes sentimientos y dramas álgidos.

Los títulos que Cristina LLano elige para sus trabajos son una reconfirmación de su interés por lo aturdido y estremecedor. Podemos leer nombres como Observador Implacable, Destino Común Irrevocable, Contra la Pared, Sin Apelación, Hasta el Paraíso, Paisaje Interior, Desafio, El Ultimo Rincón o Sin Salida, donde los colores fuertes y contrastados se vuelven cómplices explícitos de los cuerpos en acciones insólitas.

Pero la apariencia apabullante de estos cuadros es apenas una señal, puesto que ellas suelen ser también símbolos de un mundo sicológicamente tenso y cargado de potencia. De allí el poder y la fuerza de estas obras destinadas también a exaltar las definiciones. Al tiempo que a producir compasión mediante esas escenas que invitan a pensar en ritos de redención como única salida del caos.

Desde la intimidad más inconfesable el arte de Cristina Llano llega como una conmovedora expresión de la violencia privada que es necesariamente consecuencia de las atrocidades públicas. Sus argumentos neo-románticos estremecen y apabullan, consiguiendo no dejar indiferente al espectador que los presencia.

Galería DINERS, Bogotá, 1997
Cristina Llano

Estas nuevas pinturas y dibujos regresan a las vicisitudes de la pasión amorosa. La habitación como escenario del mundo; escenario donde se plantean las acciones de los personajes destinados a vivir prisioneros de sus propios sentimientos: violencia, celos, miedo, sufrimiento.

Hay un visible interés por lo dramático, intensificado por la valoración de lo que Nietzche llamaba "El sentido trágico de la existencia".

La expresión constituye el máximo parámetro estético. La inmediatez en el trazo del dibujo, el registro de la pincelada, la perspectiva dislocada como elementos esenciales del lenguaje plástico contribuyen a crear una atmósfera profundamente emocional. El conjunto de la escena parece estar distorsionado por la subjetividad de los protagonistas.

El color es ahora más complejo siempre en función de su valor expresivo. También se aprecia una mayor síntesis compositiva que confiere a estas obras una nueva intensidad psicológica.

Museo de Arte de Pereira, 1997
Miguel González. AICA Internacional.

Cristina LLano presentó su obra por primera vez en 1987, en ocasión del XXXI Salón Nacional de Artistas Colombianos en Medellín. Sumándose al neo-expresionismo que redefinía la pintura figurativa hacia elementos alegóricos, coloración drástica y argumentos provocadores. Desde ese año hasta hoy su trabajo no ha desfallecido y ahora se encuentra lleno de distintas estrategias para contarnos sus renovadas observaciones en. torno al amor, la muerte, las relaciones, la soledad, la locura y el encierro.

Los cuartos como celdas son el escenario predilecto para sus lienzos de gran formato. En ellos las parejas están capturadas en acciones evidentes donde la felicidad y el equilibrio parecen ser quimeras lejanas. Por el contrario, las pasiones diversas se confabulan para generar un diseño carnal que acumula fuertes sentimientos y dramas álgidos.

Los títulos que Cristina Llano elige para sus trabajos son una reconfirmación de su interés por lo aturdido y estremecedor. Podemos leer nombres como Observador Implacable, Destino Común Irrevocable, Contra la Pared, Sin Apelación, Hasta el Paraíso, Paisaje Interior, Desafio, El Ultimo Rincón o Sin Salida, donde los colores fuertes y contrastados se vuelven cómplices explícitos de los cuerpos en acciones insólitas.

Pero la apariencia apabullante de estos cuadros es apenas una señal, puesto que ellas suelen ser también símbolos de un mundo sicológicamente tenso y cargado de potencia. De allí el poder y la fuerza de estas obras destinadas también a exaltar las definiciones. Al tiempo que a producir compasión mediante esas escenas que invitan a pensar en ritos de redención como única salida del caos.

Desde la intimidad más inconfesable el arte de Cristina Llano llega como una conmovedora expresión de la violencia privada que es necesariamente consecuencia de las atrocidades públicas. Sus argumentos neo-románticos estremecen y apabullan, consiguiendo no dejar indiferente al espectador que los presencia.

Galería Artes Contemporáneas Jenni Vilá, Cali, 1991
Miguel González

La exploración temática de Cristina Llano se ha ampliado sistemáticamente hacia el paisaje. Por supuesto en un entorno exaltado, subjetivo y de orden simbólico. Estos son los objetivos en cada una de las obras que conforman la presente exhibición. Los cuerpos ocupan un lugar equidistante en el entorno, o están enteramente minimizados para lograr la imagen general que el paisaje desea ofrecer. Si bien algunos elementos reconocibles ilustran señales y fuentes rurales y de costumbres, el resultado final es siempre transfiguraciones de la realidad y reinvención de una situación interior. Cristina Llano sitúa sus escenas como prolongación de emociones, actos sentimentales y opinione-sugestivas.

El tratamiento del paisaje, incluyendo la perspectiva, sufre un agudo enfoque que lo hace deformante y parcialmente emotivo. Para esas imágenes distorsionadas y ambiguas, Cristina Llano usa el color como elemento arbitrario y formas reconocibles pero intencionalmente alteradas. Es su manera de reconstruir recuerdos, armar situaciones y alimentar argumentos tanto nostálgicos como premonitorios.

La propuesta de Cristina Llano surge a través de narraciones intermitentes y acaloradas y gesticulantes escenas. Esos motivos permanentes van articulando su iconografía expresionista y vivaz. El poder del deseo, la inevitable vigilia y las pasiones encontradas, se materializan en formas que consiguen ser más que apariencia, revelando fundamentos esenciales. Esa es su táctica y la eficacia de su inquietante presencia.

Sobre la obra de Cristina Llano
William Ospina, 1990

Miro con asombro los lienzos de Cristina Llano. Quisiera saber qué es lo que me conmueve al verlos. Por qué, ante cada uno, algo dentro se inquieta o se conmociona, corno ante el regreso de las tormentas elementales.

Nada es apacible en ellos. Nada es llano. Parecen agotar las posibilidades del amor físico, parecen ser variaciones sobre el erotismo humano, sobre las agonías y los éxtasis de la sexualidad. Pero han renunciado a la belleza como su principal componente, o la buscan donde nos enseñaron que no estaba, en la brutalidad, en el vértigo, en el descuido de las formas, en un juego de bruscos cortes, de distorsiones y contrastes enérgicos.

En una región del mundo donde la violencia se ha vuelto trivial, casi invisible de puro cotidiana, estos grandes cuadros nos resultan violentos. Ello sólo puede significar que aluden a una violencia distinta, o que exploran ese aire que respiramos, hallando componentes nuevos en él.

Hasta ahora, sus composiciones no pasan de dos o tres elementos. Un hombre, al que la indignación o la vehemencia del trazo transforman enseguida en un demonio o un duende, cuando no en una masa desamparada o abatida. Una mujer a la que las líneas cargan de flexibilidad o de languidez, que ama o grita o muere bajo la opresión de un abrazo. Y una habitación definida por recios planos que se cortan.

A pesar de los colores puros y de sus contrastes fantásticos, a pesar de la irrealidad de las atmósferas y de la simplificación de los cuerpos, estamos en presencia de algo verdadero, sentimos la gravitación de la realidad. Pero todo es alusivo o simbólico: no podremos decir que hemos visto una nítida figuración de los amantes y de sus violencias pero habremos visto algo más hondo y más sugestivo, las fuerzas que están ocultas a la mirada, los contrastes, las ambigüedades del asedio y de la rendición. Afectos y desafectos delatados por el color o por el gesto.

Estamos cortejando la abstracción. Las líneas no copian formas naturales, encierran superficies que aluden a algo impreciso: una fuerza, un abandono, un terror, una expectativa. Los colores son temperaturas, estados anímicos, grados del entusiasmo o del abatimiento. Los rectos planos verticales son límites, a la vez testigos y contornos de un hecho infinitas veces consumado y aún desconocido; un escenario cuya disposición es siempre opresiva.

Los pisos resbalan, las paredes se inclinan, los techos se quiebran, todo busca la oblicua, y se entiende que esa renuncia a la seguridad de los ángulos rectos, ese universo sesgado y deforme nos perturbe. Se diría que este es un mundo donde nada puede tenerse en pie. Hasta se nos antoja que no es el amor lo que derriba a estos seres en el terrible o deleitable abrazo de los otros sino la propia inestabilidad de su mundo, las gravedades del vacío y del vértigo.

Esto no se parece al amor como nos lo dijeron, pero talvez se parezca al amor como a menudo lo encontramos. Todo sugiere contraste y conflicto, choque de mundos diversos y aún hostiles. Pero quien mire bien descubrirá a menudo un fondo de solidaridad y de ternura en el encuentro de estos seres que la pasión simplifica o abstrae. Se abandonan, se reclinan, se ciñen, dialogan o se invaden con furia animal pero también con un dócil consentimiento humano. Son los colores y los ámbitos ios que agravan de furor o de fuego estos abrazos.

Pero en medio de esas hogueras desnudas, de esas llamaradas de sal o de azufre donde los solitarios combaten su aislamiento y su miedo con audacias de amor, hay un extraño cuadro que vuelve. El de un ser que huye angustiado del lecho donde yace su amante o su víctima, y en ese cuadro está el terror.

Con todo, la sensación que estos lienzos nos dejan no es de desesperación. Los colores son fuertes, pero con la fuerza que caracteriza a la vida, a la salud. Cierto pudor puede escandalizarse ante ellos, cierto formalismo alarmarse, cierta frivolidad embelesarse. Pero no están hechos para saciar esas pequeñas tentaciones. Son venenos fuertes para el alma, vinos para la voluptuosidad de la mente, ráfagas y desafíos que le hablan a nuestra fortaleza, no a nuestra debilidad, a nuestro inagotable deseo de vivir y de entender, y no a la ominosa merienda fúnebre que nos está ofreciendo la historia.

William Ospina, 1990

EL EROTISMO DEL COLOR, Galeria de la Oficina, Medellín, 1990
Ana María Escallón

Dentro de ese mundo frenético del expresionismo existen diversas tendencias que muestran desde el paroxismo de nuestro tiempo hasta la susceptibilidad de las emociones fugaces y entre ese largo camino está la obra reciente de Cristina Llano. Una artista que pinta con impulso, con ese ímpetu incontenible que la lleva a interpretar ese mundo de personajes que cuentan una historia en el color y que hablan de la perplejidad del erotismo y los sentimientos.

La artista trata de recrear dentro de una fuerza extrema de color, situaciones que van más allá de la realidad, que entran por la puerta de la imaginación y que tienen en la mira, la historia del hombre que guarda sus secretos íntimos. Hombre ambivalente, indeciso, sensual, desordenado que habita en espacios interiores.

En su agresividad, Cristina Llano pinta figuras sentimentales que, en el tratamiento casi vivencial del color asumen sus propias circunstancias y que se va planteando poco a poco, desaforadamente entre la marca de un pincel que dibuja contornos simples y otro que pinta con la inabordable sensación de que en cada instante se consume algo la vida. Pinta hasta la exacerbación, de manera expresionista, hasta el cansancio su propia venganza, esa que de pronto tiene que ver con la condición femenina para enfrentar el mundo de los sentimientos en donde se rompe el esquema de la supervivencia en esa esperanza que siempre radica en los otros.

Ahora, si miramos un poco esa posición del artista y su contexto, también podemos afirmar que Cristina Llano interpreta ese lado sensual que se respira en la atmósfera caleña, esa posibilidad más expresiva del cuerpo que se atrapa con un instante. Su pintura, tiene una referencia corporal definitiva que no conoce la contención. Existe un intento de integración de extremos donde, por un lado está un sentido más libre de la expresión y por otro la mirada oculta de los propios límites. El erotismo es una reflexión de dos caminos en su pintura, una que enfrenta al hombre con sus propias circunstancias y otra, los valores de su sociedad, para mirarse y observarlos.

Así como se trata de una pintura muy expresiva, guarda esa posibilidad de los sentimientos ocultos y aparece entonces la violencia porque en el momento romántico que no halla su propia verdad. Cristina Llano asume también el riesgo de que sus trabajos estén siempre en un borde explosivo, donde la saturación existe y a veces en ese camino, los recursos se acaban. Pero parece que no se detiene en la duda sino que prefiere la audacia. Quiere representar en esas formas tan contemporáneas, argumentos de la cotidianidad que lleva por dentro, pretextos que hablan de la fuerza extrema y de la vulnerabilidad del hombre, de la realidad y la irrealidad que tiene en el cuerpo la reflexión de una situación más permanente que momentánea.

Y en esos momentos aparecen siempre unos espacios vertiginosos donde se niega la posibilidad de un horizonte porque interesa más un mundo arbitrario, sellado, hermético, sin referencias visuales. Todo el espacio es una atmósfera que aplica la evocación sensorial como única dinámica. Hasta ahora comienza la carrera artística de Cristina Llano, donde su pintura caótica es representante de un hombre confundido por el acontecer interno y externo, ese que pareciera tener algún control pero que se desborda siempre en las sorpresas de eso, que por vulnerables, llamamos destino.

Exposición Museo de Arte Moderno La Tertulia, 1990
Miguel González, curador

Presentamos con particular entusiasmo esta primera exhibición individual de la Obra de Cristina Llano, un trabajo pictórico especialmente detonante y preocupado por ilustrar de una manera suspicaz la condicion humana.

Su argumentación se moviliza en grandes areas. Cristina Llano va diseñando cuerpos convulsionados en fuertes acciones amatorias o necrofilias. El carácter monumental de su obra no solo se manifiesta en el tamaño de los cuadros sino en el amplio y sofocante diseño de los cuerpos que con sus acciones apabullan el espacio. También existe un lugar arquitectónico donde estas particulares experiencias se desarrollan. Ese escenario ella lo reinventa a través de perspectivas falsas y distorsionadas y lo ilumina con colores arbitrarios, contrastados y violentos.

En realidad el hilo directriz de toda su intencionalidad parece concentrarse en las difíciles y conflictivas relaciones humanas, en el rito del amor y la muerte. Allí Cristina Llano localiza su definición de la violencia, contrariando los idilios castos y olvidando toda ocasión moralista. Los seres que ocupan los espacios escenicos de sus pinturas están en una lucha y agitación permanentes. Ellos logran situaciones dramáticas y conmovedoras, incluso cuando sus posturas reinciden en entregar la obscenidad, el crimen y la tortura como fuentes virtuales de expresión.

Pero la anécdota detonante que sale al encuentro del espectador para desarmarlo y agredirlo no es el único móvil de estos grandes cuadros resueltos en acrílico sobre lienzo. Colaboran en la expresividad conseguida, el tratamiento emocional que consignan los brochazos y pinceladas al ir generando una anatomía devastada. Igualmente el contorno de los cuerpos y sus rápidas soluciones revelan una alucinada versión expresionista, donde esta presente lo caricaturesco al tiempo que lo tribal como parámetros estéticos.

Aunque Cristina Llano solamente encabeza con esta exhibición el listado de sus muestras individuales, ha participado con especial desempeño en importantes eventos entre los que se destacan la I Bienal de Arte organizada por el Museo de Arte Moderno de Bogota, donde sus pinturas suscitaron la polemiza y el entusiasmo que siempre provocan obras como la suya, incapaces de dejar indiferente al observador. Algo similar paso en la II Bienal Internacional de Pintura organizada en la ciudad ecuatoriana de Cuenca y en una muestra de seis artistas colombianos de los años ochenta, presentada en Buenos Aires con motivo del mes de Colombia, en el Instituto de Cooperación Iberoamericano.
Cuando Cristina Llano piensa, resuelve y materializa definitivamente su obra emocional y anecdótica, logra conducir al publico a una catarsis que esta conformada por los sucesos que al ser visualizados producen rechazo, pavor y hasta repugnancia, al tiempo que aflora la compasión, el temor y todo ese repertorio dantesco de los habitantes del Infierno, condenados eternamente no a la lujuria, sino a vivir agonizantes en una maldición inapelable.
La pintura de Cristina Llano, entra como una presencia arrolladora a formar parte de un arte colombiano que ha podido incorporarse espléndidamente a los diversos lenguajes contemporáneos, al tiempo que restituye una argumentación viva y palpitante de su propia cotidianidad.